Los cristianísimos Montejo


Los cristianísimos Montejo
Iván Vallado Fajardo
Tradicionalmente se ha valorado a los conquistadores, como los Montejo, porque trajeron la fe católica a reinos que no la conocían. Tal valoración estaba en función de la teoría de la degradación por desconocimiento divino, una teoría que sostenía que quien no conocía al Dios verdadero (al de los cristianos según los cristianos) estaba influenciado por el Diablo y eran sus secuaces.
Independientemente de su etnocentrismo, en el siglo XVI –hace 500 años- esta visión sonaba razonable a los europeos de Occidente, porque era el nivel cultural que tenían, muy cercano al ambiente cultural de la Edad Media, en la que la cristiandad enfrentó muchas guerras, invasiones, zozobra, etc., y que la hizo ser beligerante y autoritaria con los no cristianos, en espacial contra “los infieles”.
Hacia 1509 los españoles cayeron en la cuenta de que no estaban en Asia (como creyó Colón) sino en otro Nuevo Mundo, y en 1511 los frailes dominicos de la Española actuaron en consecuencia. Los indios no eran infieles, como los habían tratado (y exterminado) por 19 años, sino simplemente paganos, por ello trataron en enderezar las cosas. Entonces debían ser convertidos por la vía pacífica, con el ejemplo y con la predicación del evangelio. Sin embargo, toparon con pared, porque los conquistadores, como los Montejo, estaban más interesados en hacer esclavos y en el pillaje, que en otra cosa.
En 1537 en la Santa Sede, Roma, ocho años antes de la fecha oficial de la conquista de Yucatán, el papa Pablo III habiendo sido advertido por los dominicos de las atrocidades que se cometían en el Nuevo Mundo, dictó la bula Sublimis Deus que a letra dice: “haciendo uso de la Autoridad apostólica, determinamos y declaramos por las presentes letras que dichos Indios, y todas las gentes que en el futuro llegasen al conocimiento de los cristianos, aunque vivan fuera de la fe cristiana, pueden usar, poseer y gozar libre y lícitamente de su libertad y del dominio de sus propiedades”.
Y continua: “que no deben ser reducidos a servidumbre y que todo lo que se hubiese hecho de otro modo es nulo y sin valor, [asimismo declaramos] que dichos indios y demás gentes deben ser invitados a abrazar la fe de Cristo a través de la predicación de la Palabra de Dios y con el ejemplo de una vida buena, no obstando nada en contrario”.
Díganme entonces qué son estas estatuas, sino un monumento a unos criminales que mancharon de muerte y sangre no sólo por dónde pasaron, sino la mismísima religión cuya prédica sirvió como pretexto para las conquistas.
A los indígenas de hoy no les da vergüenza este monumento, les da coraje. No es lo mismo. A los que nos debe dar vergüenza este monumento es la los yucatecos que heredamos más de estos personajes que de los antiguos indios. Especialmente los católicos son a los que les debería dar vergüenza este monumento porque el origen de su religión en esta tierras fue manchado por éstos. ¿O qué? ¿El papa estaba equivocado?
A mi modo de ver, no hay nada más que discutir ni que esperar. La estatua de los Montejo debe ser retirada, pues sólo nos hiere o nos avergüenza más. No hay más que dos grupos, los que están en contra de que la estatua y los que no les parece mal y no entienden porque los primeros están molestos con el monumento. Mera ignorancia. No hay más opiniones, todas son reiterativas. Es hora de proceder al retiro. La única opinión que quizá debiera tomarse al pie de la letra, por eso de la justicia histórica con los Montejo, es que su monumento debería ponerse dentro del CERESO.

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